Muchas personas emplean la pulpa de la calabaza y luego echan sus semillas, sin sospechar que justamente esa parte del fruto, aparentemente inútil, contiene una serie de propiedades que ayudan a combatir enfermedades en el organismo. En primer lugar, estas simientes son consideradas antiparasitarios por excelencia. También se le han empleado para tratar trastornos renales, problemas en el tracto urinario, gastritis y para expulsar las lombrices intestinales.

Una de las dolencias más frecuentes en las poblaciones maduras es la artritis. Los estudios han señalado que el aceite que contienen las semillas de calabaza es un similar a la indometacina, por lo cual alivia los estados artríticos y reumatoides crónicos.

Por otro lado, su alto contenido en zinc y ácidos grasos libres ejerce un efecto favorable en los hombres que padecen de desórdenes en la próstata. El extracto de estas semillas puede mejorar el funcionamiento tanto de la vejiga como de la uretra.

Esta parte de la calabaza contiene cucurbitin, un aminoácido muy eficaz contra los parásitos. En las regiones asiáticas hay una enfermedad parasitaria llamada esquistosomiasis aguda, que se transmite a través de los caracoles. Ha sido tratada con las semillas de calabaza con muy buenos resultados.

Al parecer, el aceite de las pepas reduce considerablemente el efecto de las grasas en el organismo, por lo que es muy beneficioso para disminuir el colesterol, pero también para minimizar la hipertensión arterial.

Otro efecto positivo de consumir las semillas es que previene los cálculos renales, ya que reduce las sustancias potencialmente formadoras de piedras en la orina. Además, disminuye la presión de la vejiga y la presión uretral, mejorando el funcionamiento de todo el sistema.

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